Gianna abrió los ojos y se topó con las cortinas del techo de su cama; nunca creyó que dormiría en una de esas camas que parecían de princesa.
Pese a que estaba abrumada por todo lo que sucedía, se durmió cuando su cabeza tocó la almohada. Entre sueños recordaba que la empleada doméstica le preguntó si quería cenar, pero se sintió tan agotada que ni respondió y siguió durmiendo.
Además, ir a cenar significaría convivir con sus «suegros» y era algo para lo que todavía no estaba lista; no despu