Gianna reconoció la hermosura que poseía Cornelia. Su cuerpo era delgado y esbelto, la piel era color canela y su cabello caía como una cascada de ondas negras hasta la cintura. Portaba un elegante y sobrio vestido dorado que la hacía lucir como una actriz de Hollywood.
Y, sobre todo, no poseía una sola cicatriz.
Gia escondió sus manos debajo de sus muslos mientras permanecía sentada en el sofá.
—Tus padres me avisaron —murmuró Cornelia.
Darragh se incorporó y, a grandes pasos, llegó pronto fre