Darragh estuvo a punto de dejar caer el celular cuando las puertas del ascensor se abrieron y Gianna apareció en el penthouse.
—¿Qué te pasó? —espetó el lobo, su tono mezclaba furia y preocupación.
Gianna lucía mal. Su ojo derecho estaba hinchado, el pómulo enrojecido, la quijada ligeramente, y el labio roto. Además, tenía cortes superficiales en los brazos y un rastro evidente de cansancio en su andar.
La loba trastabilló antes de alcanzar el centro de la habitación, y Darragh reaccionó al inst