Las aventuras que estábamos viviendo en ese viaje fueron increíbles, los dos éramos inmensamente felices disfrutando de la naturaleza y de aquel mágico lugar que seguramente se quedaría instalado para siempre en nuestro corazón. Sin duda fue una decisión acertada por parte de Alex, y un gran regalo de la tía Amelia el permitirnos pasar aquel fin de semana de ensueño. Cuándo regresamos a la casa después de haber pasado un día de campo fantástico, Glenda y Grace nos esperaban, la chica no dejaba