Amelia y el señor Turner decidieron irse unos días a la villa, querían tener ese ansiado viaje de hermanos que tanto se merecían pero que nunca habían podido llevar a cabo, desde que se reencontraron y solucionaron sus diferencias se volvieron grandes compañeros, al final de cuentas los escrúpulos y los prejuicios lo único que provocaban eran desdichas, así qué desde que tomaron la determinación de aceptarse como lo que realmente eran, todo marchó para bien. – ¿Y ese milagro viejo?, Se me hace