La penumbra del bar parecía corresponder perfectamente al ánimo de Estuardo, quien bebía con desesperación, ahogando en cada trago las sombras de una decepción que lo carcomía desde hacía una semana. Desde la firma del divorcio con Sofía, su vida parecía un torbellino de amargura y vacío. El alcohol hacía poco por calmar esa tormenta interna, pero él insistía, buscando en el fondo de cada vaso una forma de adormecer el dolor.
En medio de su autocompasión, no se dio cuenta de que alguien había e