La habitación se llenó de un silencio denso y cargado cuando Sofía, inmóvil, contemplaba el rostro de su madre, Celina, quien había estado ausente durante toda su vida. La incredulidad y una mezcla de emociones la abrumaban, dejando a su mente atrapada entre la alegría y la confusión.
Su padre siempre le había dicho que su madre había muerto, pero ahora, ahí estaba ella, viva y frente a sus ojos.
—¿Cómo es esto posible? —murmuró Sofía, con la voz quebrada, sin apartar los ojos de la mujer que