Sofía se encontraba en el salón principal de la casa de su madrastra Carlota, contemplando una fotografía enmarcada de su padre. Sus ojos se detuvieron en la imagen, recordando el amor y la calidez con los que él siempre la había arropado. La herida de su partida seguía abierta, y, aunque intentaba ser fuerte, las olas de tristeza la embargaban de vez en cuando.
Carlota entró en la habitación y, al notar la expresión de Sofía, le habló con suavidad.
—Sofía, hija, he estado pensando… —empezó, co