La mañana en la casa Ferreti estaba teñida de una tensión palpable mientras todos los miembros de la familia se reunían alrededor de la mesa para el desayuno. Nadie parecía querer romper el silencio, ni siquiera con el ruido de las tazas y platos, el eco de los cubiertos rozando la porcelana llenaba el ambiente en vez de las usuales conversaciones de sobremesa.
Estuardo, sentado a un lado de la mesa, mostraba un rostro imperturbable pero su semblante tenso no pasaba desapercibido, especialment