La noche era clara y silenciosa mientras Estuardo y Sofía subían al auto. La luz tenue del vehículo iluminaba sus rostros, reflejando la paz que ambos parecían sentir tras unas semanas de relativa calma. Estuardo sonrió mientras giraba la llave de encendido y el motor cobraba vida suavemente.
—Han sido las mejores semanas, ¿sabes? —dijo Estuardo, mirándola con una mezcla de ternura y algo que apenas empezaba a reconocer como amor verdadero—. Tenerte a mi lado me hace sentir que todo está en su