—Esta noche tendremos una cena con la familia Bianco —anunció de manera solemne, como si aquello fuera un simple detalle más—. Es hora de fortalecer alianzas.
El silencio cayó sobre la mesa. Estuardo, quien ya había empezado a mostrar signos de incomodidad desde que su tío comenzó a hablar, dejó caer su tenedor con fuerza sobre el plato. Su mandíbula se tensó, y sus ojos se volvieron fríos como el acero.
—¿Los Bianco? —repitió, con un tono cargado de incredulidad—. ¿Con ellos quieres fortalecer