Sofía, sentada al lado de Estuardo, apenas tocaba su comida, su mente ocupada con la incómoda presencia de Amanda al otro lado de la mesa.
Entre murmullos y disimulados movimientos, Sofía se inclinó hacia Estuardo, su expresión tensa.
—¿Qué hace Amanda aquí? —susurró entre dientes, tratando de mantener su compostura mientras fingía sonreír.
Estuardo apenas la miró, su atención fija en el plato, pero su voz fue lo suficientemente baja para que sólo ella lo oyera.
—Ella sola se invitó. No fue mi