—Hay un paparazzi. Nos están vigilando.
Sofía entrecerró los ojos, buscando alguna señal de que él estuviera mintiendo, de que esto fuera solo otra de sus manipulaciones. Sin embargo, cuando giró la cabeza levemente, vislumbró a lo lejos la figura de un hombre con una cámara, oculto parcialmente detrás de una columna.
—Tienes que subir tus manos a mi cuello —continuó Estuardo, su tono suave, pero firme—. Hazlo parecer que estamos besándonos.
Sofía lo miró incrédula, sacudiendo la cabeza.
—No vo