Extrañamente, el primero en sentir el peso de la culpa, fue Daniel. A lo mejor porque su ilusión era enorme y lo estaba ansiando desde que la había conocido. Se sintió viejo, inútil, incapaz. Pero Deanna lo buscaba de la misma manera, con la piel cargada de fuego, con la boca mojada y los ojos brillantes. Y él seguía perdiendo la cabeza. No le sacaba las manos de encima y ella se entregaba con ganas.
Habrá sido después del 5° o 6° resultado negativo, cuando Deanna sintió la decepción completa