Capítulo 56 —No te conozco
El silencio que siguió a la confesión de Mauro no fue vacío, pesaba.
Vera seguía de pie en el dormitorio principal de la casa nueva, con la fotografía entre los dedos y la sensación de que el mundo acababa de moverse unos centímetros hacia un lugar desconocido. No había gritad, no había llorado. Tal vez porque ambas cosas le parecían demasiado pequeñas para lo que sentía.
Mauro permanecía frente a ella, sin avanzar, sin intentar arrancarle una respuesta que ella todaví