Capítulo 20 —La mentira perfecta
La puerta se cerró detrás de Jorge y el silencio de la suite quedó distinto.
Vera todavía tenía las gasas abiertas sobre la mesa, el olor a alcohol en los dedos y la sensación de haber pasado la noche limpiando sangre de un hombre que no sabía si quería cuidar o empujar por una ventana. Mauro permanecía de pie frente a ella, con la camisa limpia abierta, las vendas recientes cubriéndole los nudillos y el apósito en el pómulo, como si acabara de salir de una pelea