Nada mejor para los problemas, que una mente ocupada, decía mi abuela Eugenia. La vida me había plantado varios tropiezos en mi camino, de los peores y yo pensaría que a estas alturas sería muy fuerte, podría ser casi superpoderosa. Pero quizás no era tan fuerte como yo imaginaba... ya que la traición y el cómo me había dejado Oliver, me había afectado en lo más profundo.
Me despertaba sin él, no recibía mensajes, y no lo veía. Éramos dos piezas de un rompecabezas que antes estaban unidas y ah