Me había matado trabajando todos estos días intentando no pensar en ella y por supuesto, evitando llegar a mi casa. Me sentía terrible solo ahí, ver todo desesperadamente vacío porque todo era vacío sin ella.
Y, sin embargo, me había cansado de dormir en el hospital y de vez en cuando tenía que simplemente venía a tomar un verdadero baño, cambiar mi ropa y seguir con mi rutina que consistía en poner la mejor cara y hablar de cosas triviales del día a día.
Una de las peores partes me resultaba