Igual que la quimera, el cuerpo del hermoso teniente Peter cayó rígido, igual que una piedra.
Sin embargo, a diferencia de aquella vil bestia, el corazón del hermoso hombre aún latía, mientras que su pecho se hinchaba y desinchaba regularmente gracias al oxígeno que los llenaba.
Lyra se quedó quieta, estática en su lugar, con la mirada clavada en el desvanecido teniente de mirada esmeralda.
Se había desmayado, pronto el veneno comenzaría a destrozar todos y cada uno de sus órganos vitales arreb