Cuando Lyra Sardinton volvió a abrir los ojos, la sed desmedida se había sometido al letargo temporal, permitiéndole experimentar otras cosas. Todo era percibido de distinta manera, los colores y aromas se habían intensificado, tanto así que incluso llegaban a lastimarla.
Sintiendo como las sábanas de seda blanca acariciaban su piel por última vez, Lyra las apartó de ella, mientras salía de la cama.
No tenía un rumbo muy claro en mente, solo sabía con certeza que deseaba irse de allí, a otro lu