Las sombras y oscuridad devoraron a Lyra, envolviendola en una bruma espesa, perfumada de un aroma cítrico que lograba penetrar en sus sentidos. Sin embargo, muy lejos de lo que uno pudiera llegar a imaginar, aquella sensación no era desesperante ni asfixiante. Por el contrario, las sombras eran dulces, tiernas y gentiles, mientras se envolvían a su alrededor con total delicadeza, como si temieran romperla, igual que un jarrón de cristal.
Por unos instantes, no más que el latir de su corazón, L