Capítulo 119: Ninguno como Juan Andrés Duque.
Aquel hombre no podía ni hablar, su aroma era nauseabundo, su aspecto el de un mendigo, tenía el cabello largo, alborotado, la barba le llegaba más abajo de la quijada, era un guiñapo de persona.
—¡Váyase! —susurró.
—¡No! ¡No puedo dejarlo aquí! —dijo Mariela, se aproximó, intentó soltarlo, pero no tuvo con qué, se sobresaltó cuando escuchó pasos.
—Escóndase —dijo el hombre.
Mariela con rapidez se metió detrás de unas cajas. Su corazón palpitaba con violencia, entonces escuchó la voz de un ho