Mariela como siempre se quedó observando la clase de karate de Cris, el pequeño cada día avanzaba más; sin embargo, esa tarde no estaba atenta a los movimientos del niño, su mente se hallaba dispersa.
Había marcado con insistencia el móvil de Juan Andrés, pero no obtuvo respuesta.
«¿Estarás con ella? ¿Serás capaz de terminar la boda?»
La incertidumbre le carcomía el corazón, no quería parecerse a Irma, quién era intensa, y celaba a Juan Miguel con cada mujer que se le acercaba.
«Pero lo mío