No iban a pasar toda la noche así, con ella de pie en mitad de la habitación y con la mirada clavada en el piso como si se estuviera regañando a sí misma.
Estaba tan metida en su mundo que se sorprendió cuando se colocó frente a ella y le alzó el mentón para que lo mirara.
—¿Estás así porque te avergüenzas de que tu amiguito nos haya visto de esa forma? —De pronto, una idea descabellada se le pasó por la mente—. ¿Estás enamorada de él?
Elizabeth abrió muchos los ojos y negó con la cabeza.
—Sé qu