Su esposo no esperó a que fueran las ocho de la tarde, eran apenas las siete y media cuando se presentó con Andrew en brazos y una terrible expresión de cansancio.
—¿Estás lista? Me quiero marchar antes, tuve un día complicado —dijo y miró a su hijo que estaba irreconocible.
—Roger… ¿Podrías decirme qué ocurrió? —Elizabeth, al principio, se preocupó porque su hijo tenía el cabello húmedo y solo estaba envuelto con la chaqueta del traje de su padre—. ¿Y su ropa?
Su esposo fingió que ella no esta