Elizabeth intentó recomponer su aspecto, pero ya era tarde.
—¿Dónde se supone que está el señor cerbero? —masculló en voz baja y Roger la observó en silencio.
—¡Mamiiiiii! —gritó su hijo y comenzó a dar pequeños botecitos en los brazos de su padre.
Elizabeth se apresuró a levantarse y tomarlo en brazos.
—Hola, hijito, te extrañé —dijo y le dio un beso en la mejilla—. ¿Querías ver el trabajo de papá por eso estás aquí?
Ella quería rellenar el silencio porque Roger no decía nada y no le quitaba l