—Lamento haberte dejado sola tanto tiempo, pero ya volví y planeo quedarme —dijo Filippo.
Alessa apenas y podía respirar. Él le secó las lágrimas. Ella le tocó las manos para comprobar que eran reales.
—Si hubiera llegado unos minutos más tarde no estarías aquí, Alessa. Esto es mi culpa.
—¡No!... ¿Cómo podría ser culpa tuya?
—Lo es, claro que sí, pero ya habrá tiempo para hablar, amor. Ahora necesitas descansar y ponerte fuerte. Superaremos esto juntos.
—Filippo... yo te engañé. Nunca más vol