Luka cerró los ojos y sintió que el tiempo se detenía. No hub0 sonidos de pasos en el hospital, ni el chirriar de las ruedas de los carritos sobre el piso cerámico o la voz robótica del altoparlante que llamaba por alguien, mucho menos las conversaciones de todos los que se agolpaban en el lugar. El cerró los ojos y se imaginó en la casa cerca del lago casi seco, con su granja de hormigas y Alessa en el sofá. Una partida de ajedrez volvería aquella escena perfecta. Habían tenido una vida perfec