Despertar, trabajar, comodín y dormir, esa era la rutina diaria de Alessa. El comodín iba desde sus sesiones de terapia hasta los eventos de caridad con la madre de Filippo. Sonrió para la cámara usando su sombrero blanco, rodeada de señoras felices de llevar vidas tan perfectas que les alcanzaba tiempo para ayudar a los desdichados. Eran generosas. Alessa no lo era, ella sabía muy bien que no estaba allí por los enfermos de cáncer, sino por ella misma. Era ella la que necesitaba ayuda, aunque