La furia e indignación de Florencia fue contenida por Francesco, que la sostuvo antes de que le arrancara los ojos a Luka. Ella forcejeaba mientras él cubría a Alessa y buscaba la camiseta.
—¡¿Cómo pudiste aprovecharte de ella?! ¡Confiaba en ti! ¡Confiaba en que la cudarías! ¡Suéltame Francesco!
—Escucha a Luka, de seguro tiene una buena explicación.
—¡¿Cómo va a explicar su abuso?! ¡Mi hermana no puede decir que no, no puede defenderse, no puede resistirse, no puede...!
—¡Kálllattte! —gritó Ale