Capítulo 10: Entre ruinas.
La mañana de la boda amaneció brillante y cruel, sin respetar la gravedad de la traición y el peligro que pendían sobre el castillo.
Lyra estaba sentada frente a su espejo, vestida con un traje nupcial de seda blanca y plata, la corona de Veridia esperando sobre una almohada de terciopelo.
Kaelan entró en la habitación. Él ya estaba vestido con el uniforme de gala de Aethel, todo terciopelo negro y insignias militares, luciendo cada centímetro como el general que venía a ejecutar una invasión, no un matrimonio.
Su presencia silenciosa era el único consuelo de Lyra.
—Lyra — dijo Kaelan, sin preámbulos—. He hablado con el sanador de mi séquito. Si mi plan falla, si el Concilio ha reforzado demasiado el hechizo de compulsión en tu padre, podríamos tener que neutralizarlo en el altar.
Lyra se puso de pie, enfrentándolo.
—¿Neutralizarlo? ¿Significa eso un arresto público?
—Significa lo necesario para evitar que firme el decreto final de rendición. No puedo arriesgarme a que te ponga