Samanta
No podía dejar de mirar a Marcos, ni creer que acababa de darle mi número de teléfono. Sentía mi corazón acelerado, como si quisiera salir de mi pecho, y me preguntaba si me escribiría o si solo lo guardaría sin darle importancia. Me odiaba un poco por esperar algo de él, pero era inevitable.
Intenté concentrarme en lo que Robert me decía, pero mi mente seguía divagando, volviendo una y otra vez a la sonrisa que Marcos me había dedicado antes de tomar mi número.
—Bonita, tengo que ir a