Santiago irrumpió con una intensidad casi palpable.
—¡Son unas descaradas! —dijo, su voz cortante mientras dirigía una mirada helada hacia Yolanda—. ¿Cómo pudieron hacerle algo tan bajo a Marella? Yolanda, ¡me das vergüenza!
Yolanda abrió la boca para responder, pero las palabras se le quedaron atascadas. Era raro verla temblar, y más raro aún verla tan vulnerable frente a alguien como Santiago, quien nunca se mostró tan duro con ella.
—Suegro, yo… —comenzó, pero no encontró cómo continuar.
Ento