Cuando Eduardo y Máximo regresaron al departamento, encontraron a Yolanda sosteniendo a un niño pequeño, de no más de tres años.
El niño, se escondía tímidamente en el cuello de Yolanda, como si percibiera la tensión en el ambiente.
Eduardo se detuvo en seco, sus ojos se clavaron en el niño con una mezcla de confusión y repulsión.
Máximo, por su parte, observó al pequeño con una mirada inquisitiva.
—¿Qué significa esto, madre? —preguntó Eduardo, su voz cargada de sospecha.
Yolanda, firme, se ace