Darrel soltó la mano de Tina con una mezcla de pesar y resolución.
—Tina, yo… —comenzó, pero su voz se apagó como una llama en el viento.
—¡Voy a morir, Darrel! —gritó Tina, su tono desesperado, rasgado por la vulnerabilidad—. Ten algo de compasión, por favor…
Sus ojos se llenaron de lágrimas, esas que solían manipularlo tan fácilmente en el pasado.
Darrel titubeó, su pecho contrayéndose al verla así, tan rota, tan frágil.
Una parte de él, aquella que aún guardaba los restos de su amor, quería c