Las palabras de Mora golpearon a Darrel como un puñetazo en el estómago. Su rostro reflejaba el estupor que lo invadía.
—¿Qué estás diciendo? —murmuró, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.
Ella mantuvo su mirada fija en la suya, sin vacilar.
—Lo que escuchaste, Darrel. Si quieres que salve su vida, tendrás que aceptar mis términos.
El silencio que siguió fue ensordecedor, roto solo por el sonido distante de los pasos de las enfermeras en el pasillo.
Darrel respiró hondo, tratando de e