Cuando Suzy se negó a seguir sus órdenes, sintió cómo las manos de su esposo, que alguna vez le habían dado consuelo y amor, ahora se tensaban y apretaban contra ella con una fuerza que no reconocía.
Su corazón latía desbocado mientras su garganta se cerraba por el pánico. Alzó la voz en un grito desesperado, intentando liberarse, sus uñas arañaron el aire en un esfuerzo por apartarlo. Pero él no cedía.
Carlos se acercó aún más, y cuando sus labios rozaron su piel, Suzy sintió una ola de repulsi