Marella sintió que un estremecimiento recorría su cuerpo, como si el suelo se desvaneciera bajo sus pies.
Sus manos temblaban sin control y, por un momento, las palabras se desvanecieron en su mente. Con un suspiro roto, soltó el teléfono, como si la comunicación con el pasado, esa sombra de dolor que la perseguía, estuviera más allá de sus fuerzas para sostenerla.
Sin mirarlo, le entregó el teléfono a Dylan, sus dedos, casi rozándose con los suyos en un gesto tan vacío como el abismo que se for