Su tono, lleno de sarcasmo y veneno, resonó en todo el salón. Era una frase simple, pero el peso de esas palabras cargadas de ironía dejó a Eduardo y Glinda sin palabras.
Las expresiones de los invitados se llenaron de desconcierto, mirándose unos a otros, sin comprender del todo la tensión que flotaba en el ambiente.
Eduardo intentó ocultar su rabia, sus manos se apretaron en puños a los costados mientras su mandíbula se tensaba.
Sabía que no podía perder la compostura frente a todos los invita