Claudia vomitó al costado del camino. Franco y Suzy bajaron del auto rápidamente, pero no con el gesto de preocupación. Más bien, la repulsión se dibujaba en sus rostros, lo que incrementó la tristeza y la vergüenza que ya sentía.
—¡Me siento fatal! —gimió Claudia—. Llévame a casa, amor…
Franco solo la miró con frialdad, como si el amor que alguna vez le había profesado hubiera desaparecido.
—No, que te lleve Carlos. —Su voz sonó casi como un susurro que cortaba el aire—. No vamos a desperdiciar