Darrel la sostuvo firmemente en sus brazos, sintiendo cómo el peso de su cuerpo inerte lo hundía más de lo que nunca habría imaginado.
Cada segundo que Mora permanecía inconsciente era una puñalada que perforaba la coraza de indiferencia que había construido alrededor de sí mismo.
Con cuidado, apartó un mechón de cabello de su rostro pálido, mientras la urgencia latía con fuerza en su pecho.
Por un momento, el hombre que siempre había sido frío, distante y calculador se desmoronó. Ante sus ojos