—¡Es cierto! Pero, Darrel, nunca te amará, Mora. —Las palabras de Tina resonaron en el aire como un cuchillo afilado, su tono cargado de amargura y desesperación. Se giró y, sin mirar atrás, se alejó, dejándolos solos. El silencio que siguió fue pesado, casi insoportable.
Dylan miró a Mora con una mezcla de preocupación y tristeza, su rostro arrugado por los años de vida, pero ahora marcado por la angustia de la situación.
—Dime la verdad, hija —su voz era grave, casi un susurro.
Mora, incapaz d