Miranda estaba radiante de emoción mientras tomaba una copa.
—¿Qué le parece, Agustín? ¿Está listo para ser mi consuegro?
Agustín esbozó una sonrisa, observando a su hija y a Dylan. El beso entre ellos se había deshecho, y Dylan aprovechó el momento para hablar.
—Señor Agustín, quiero pedirle formalmente la mano de su hija.
Agustín miró a Marella con una mezcla de orgullo y preocupación. Aunque sabía que Dylan era un hombre mucho más íntegro que Eduardo, el resentimiento y el peso del pasado lo