—Darrel, ¿qué estás haciendo? —La voz de Mora lo sacó de su trance, y al alzar la mirada, vio el tormento en sus ojos. La angustia lo invadió.
—¿Darrel? —repitió, esta vez con una preocupación palpable.
Él no respondía.
En sus manos, el teléfono parecía apretar con tal fuerza que, por un momento, pensó que se iba a romper.
Pero luego, de manera casi automática, lo acercó a ella, sus dedos temblando ligeramente.
—Mora… ¿Qué significa esto? —La rabia contenía su voz, cada palabra parecía un puñal,