Al día siguiente, Eduardo estaba en casa, terminando un café mientras vigilaba a Mora, que dormía plácidamente en su cuna.
Su mente aún daba vueltas a las palabras de Dylan cuando, inesperadamente, escuchó el sonido de la puerta principal.
Al abrir, se encontró cara a cara con su madre, Yolanda, quien entró apresuradamente sin esperar invitación.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Eduardo con frialdad, cerrando la puerta tras ella.
Yolanda no perdió tiempo en rodeos.
—¿Te enteraste? Ha nacido el hijo d