Cuando Darrel llegó a la casa, su mirada se clavó en la figura de Tina, siendo retirada de allí, arrastrada por dos hombres.
El pánico había dejado su huella en su rostro, pero Darrel no tenía tiempo para eso. Corrió sin pensarlo hasta la habitación de su esposa, donde ella yacía en la cama, como si todo su mundo se hubiera desmoronado en un solo instante.
—¡Mora! —su voz tembló, y sus pasos resonaron con fuerza al acercarse a su lado.
Ella levantó la mirada, sus ojos rojos de tanto llorar, pero