Darrel acunaba a Dalia con cuidado, tarareando una suave melodía que parecía calmar no solo a la pequeña, sino también a su propio corazón.
A unos pasos de él, Mora amamantaba a Dana, quien bebía con voracidad.
Sus ojos cansados, pero llenos de ternura, se alzaron hacia Darrel, y durante un instante compartieron una mirada que decía más de lo que cualquier palabra podría expresar.
Sus vidas habían cambiado radicalmente. No era sencillo acostumbrarse al caos de pañales, llantos y noches sin dormi