Ella sintió que el suelo se desmoronaba bajo sus pies. Trató de decir algo, pero las palabras se atoraron en su garganta. Tragó saliva con dificultad, luchando por encontrar una excusa, una mentira que pudiera salvarla.
—¡Respóndeme! —insistió su esposo, su voz subiendo de volumen. Dio un paso hacia ella, y Yolanda retrocedió instintivamente.
—¡Yo no…! —empezó, pero su voz se quebró. Se cubrió el rostro con las manos, intentando ocultar las lágrimas que comenzaron a caer. Sabía que cualquier pal