Los empleados no dudaron en llamar a una ambulancia, y Marella no se alejó de la mujer, acompañándola al hospital con el corazón acelerado.
***
Cuando Eduardo llegó a la casa de Marella, la frustración lo invadió al no encontrarla. Sus ojos se fijaron en la madrastra de Marella, y su voz retumbó en la habitación.
—¡¿Dónde está?! —gritó, su ira palpable.
—¡He dicho que no lo sé! —exclamó la mujer, visiblemente asustada—. Por favor, libera a mi esposo. Te aseguro que Marella no volverá a entromete