Franco y Suzy permanecían en aquel bar, observando la pista de baile con miradas frías y desafiantes.
La música resonaba en el aire, y las risas de Claudia y Carlos parecían burlarse de ellos, como si los desprecios de esos dos fueran inagotables. Cada risa y cada mirada cómplice entre sus cónyuges encendía en Suzy y Franco una llama de rabia y decepción.
Suzy giró la cabeza hacia Franco, quien mantenía una expresión endurecida, los ojos afilados como navajas. Sentía cómo la tensión en su pecho